Durante años, Designer Eyes no necesitó comunicar demasiado. El negocio funcionaba, y muy bien. Con una operación sólida y un volumen fuerte de ventas a través de Amazon y 5 tiendas físicas en USA, la marca nunca tuvo que preguntarse quién era ni cómo quería hablarle a su audiencia. El foco estaba puesto en vender, no en construir identidad.
El contexto era ese, un negocio exitoso, rentable, con marcas reconocidas y una estructura que respondía. Pero también una marca que, hacia afuera, casi no existía. No había un relato propio, ni una estética definida, ni una experiencia pensada más allá del canal.