OVA nació desde una incomodidad muy concreta. Sus fundadores son odontólogos, viven y trabajan en París, y conocen el mundo sanitario desde adentro. Todos los días veían lo mismo, uniformes funcionales, sí, pero genéricos, sin ningún tipo de identidad.
El problema no era técnico. Era cultural. Había un vacío enorme entre cómo se vive hoy la profesión y cómo se la representa visualmente. OVA quería ocupar ese espacio, pero no tenía todavía una marca que lo sostuviera.
Cuando empezamos a trabajar juntos, OVA tenía una idea clara, mucha convicción y ganas de hacer algo distinto, pero necesitaba orden, dirección y una narrativa que esté a la altura del proyecto.